CRÓNICA DE UN CAMBIO RADICAL
El reto para este relato consistía en la técnica de la alteración del orden lógico de las cosas, provocando una situación nueva que se ha de resolver. En este caso, esta técnica se llama Situacionismo; por ejemplo: la desaparición de un elemento esencial de la vida cotidiana. No fue muy difícil para mi pensar en un elemento de la vida cotidiana que creo que es esencial para todo el mundo: la ropa.
CRÓNICA DE UN CAMBIO RADICAL
— Cada día se hace más difícil controlar a la gente con todas estas movidas de pensamiento propio. Antes las cosas eran más sencillas. Controlabas los medios, y la gente simplemente seguía el guion. Todo estaba centralizado: los periódicos, las radios, las televisiones; el gobierno manejaba todo esto y, si controlabas las instituciones, podías controlar lo que la gente escuchaba, veía y leía.
— La verdad es que las personas en desacuerdo con la política no tenían alcance, y en caso de que lo tuvieran, lo único que teníamos que hacer era tacharlas de radicales. La duda no era común porque la información era unidireccional.
— Sí, qué tiempos más fáciles. Ahora, con el internet y todas estas redes, todo se ha desmoronado. Ya no somos los únicos que deciden qué se dice y qué se piensa.
Mis amigas y yo nos habíamos reunido antes de lo normal para comentar lo surrealista de la situación. La entrada al cole se me hacía más incómoda de lo habitual. Y, por la cara de mis compañeros, creo que el sentimiento era mutuo. Todos teníamos la mirada baja, intentando no mirar mucho más allá de los pies descalzos, como si cualquier intento de mirar más allá fuera una traición a la privacidad de nuestros compañeros de clase. Nos faltaban extremidades para taparnos, y el ligero viento de la mañana, que normalmente refrescaba, hoy solo acentuaba la exposición.
Toda esta situación era como un teatro de lo absurdo. Era demasiado gracioso ver a la gente que se intentaba tapar con las mochilas; otros, con los brazos cruzados en el pecho. Me impactó ver a todo el mundo con la misma expresión, todos transmitiendo la misma inseguridad, desconfianza e incertidumbre. Pero no creo que solo las personas que tenía delante sintieran esto; era muy probable que todo el mundo se estuviera sintiendo de la misma manera.
Al entrar en las clases, nos quedamos todos sorprendidos al ver a un señor que destacaba entre los demás. No sabría explicar la sensación que tuve al ver la frialdad con la que hablaba, pero digamos que no me dio muy buenas vibras. Este tipo nos empezó a dar órdenes, y me quedé incrédula al ver cómo todos le seguían, incluso los más desobedientes de la clase. Me pregunto qué había cambiado dentro de ellos para que su forma de actuar hubiese tenido un cambio tan radical.
Cuánto tiempo iba a ahorrar por la mañana, pero, a la vez, cuánto echaba de menos mi armario. Mis padres tuvieron la brillante idea de eliminarlo de mi habitación hace unos días, pensando que no era útil después de que el gobierno prohibiera el uso de la ropa.
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