Un amor de pelicula

 Para este reto teníamos que partir de una hipótesis que creamos en clase: que pasaría si la profe de ingles corriese rápido? Fue un reto muy divertido de  hacer ya que podías dejarte llevar mucho por tu imaginación y además era un reto que tenias que crear con un compañero de clase. Para esta creación nos dejamos llevar mucho por nuestra imaginación. 


Un amor de pelicula

Era otra mañana donde la única motivación de Miguel Diego para ir al cole era dar con el rostro de su profesora de inglés, que, con un simple "good morning", era capaz de alegrarle el día entero. Miguel Diego salió de su casa camino a su instituto, ansioso para que llegaran las 12 de la mañana, hora en la que tocaba inglés. Esa hora le encantaba porque, mientras Lorena, su profesora, explicaba el past simple, él fantaseaba con ella. Sentía esa atracción no solo hacia su físico, sino también hacia su carácter, que era muy divertido.

Llegó a la puerta del instituto con el corazón latiendo a mil. Saludó a sus colegas sin mucho ánimo y fue a su clase, pero su mente estaba en otro lado: la clase de inglés. No dejaba de imaginar cómo sería el día a día si su amada estuviera deseando estar en él. Su corazón le decía que ella era diferente, aparte de la gran diferencia de edad, claro.

Esa noche, mientras regresaba a casa después de quedarse en la biblioteca, unos maleantes lo acorralaron en una calle oscura. Su corazón estaba a mil por culpa del miedo. Al intentar retroceder, uno de ellos le bloqueó el paso. Pero entonces, justo cuando pensaba que todo iba a salir mal, una figura apareció entre las sombras y, con unas habilidades de combate espectaculares, anuló a los bandidos. Miguel no podía creer lo que estaba pasando; se quedó pasmado por la rapidez con la que actuaba esa figura misteriosa. Sin alerta de peligro a su alrededor, intentó alcanzar a la silueta, la cual, sin suerte, corría calle abajo, dejando un rastro de sangre a medida que avanzaba.

Mientras iba de camino al colegio, Miguel pensaba en lo que había vivido el día anterior. Le hubiese gustado encontrar la identidad de esa persona para agradecerle la vida. "Investigaré", pensó. Por fin se acercaba esa parte del día que tanto le gustaba: inglés. Durante toda la clase, apenas prestó atención a la lección sobre los phrasal verbs. Lorena traía una venda puesta sobre la pierna, señal de que había sufrido un corte profundo. No podía ser coincidencia. Se pasó toda la clase estudiando cada movimiento de Lorena en busca de un indicio o una mirada que la delatara. Después de un largo rato pensando, llegó a la conclusión de que toda aquella situación era cosa del destino, el comienzo de una bonita historia de amor. 

Fue ahí donde decidió probar al destino: esa misma noche pasaría por la misma calle en busca de los maleantes. Si Lorena llegaba, la desenmascararía y, finalmente, le declararía su amor; y si no llegaba, él ya se responsabilizaría por la falta de sentido de sus actos.

Esa noche, Miguel caminaba por la misma calle donde todo había ocurrido. La calle estaba desierta. El frío de la noche se le metía por los huesos, pero su determinación lo mantenía firme. Se detuvo justo en el punto donde había sido atacado. Miró a su alrededor, esperando. Nada.

Pero entonces, el sonido de unos pasos rompió la calma. Dos figuras emergieron de la sombra.

—Vaya, si es el chiquillo de anoche —dijo uno con una sonrisa torcida—. ¿Vienes a que terminemos lo que empezamos?

El otro sacó un cuchillo y lo hizo girar entre sus dedos.

Miguel tragó saliva; la realidad de la situación le estaba golpeando de repente. ¿Y si Lorena no venía? ¿Cómo había podido ser tan estúpido? ¿Y si esta vez las cosas terminaban mal?

Pero antes de que pudiera reaccionar, una sombra cayó desde lo alto. La figura corría con una rapidez inhumana. Vestía de negro, pero, cuando la luz de la farola iluminó su figura, Miguel lo vio con claridad: la misma venda en la pierna.

—Sabía que vendrías —dijo Miguel con cierto alivio.

La figura se tensó.

—¿Qué?

Miguel avanzó un paso.

—Sé quién eres.

Ella giró el rostro, como si evaluara si debía seguir negándolo.

—Hola, Lorena —susurró Miguel, con miedo a que todo esto hubiera sido una paranoia.

Esta vez, Lorena no respondió, pero su silencio lo dijo todo.

—¿Por qué lo hiciste? —preguntó él.

—Porque... —vaciló, como si luchara consigo misma—. Porque no podía dejar que pasara nada.

—¿Por qué?

—Porque me importas, Miguel. Es difícil hacer las clases contigo enfrente. Es difícil seguir el hilo, cuando lo único que quiero hacer es perderme en tu mirada.

El sonido de las uñas golpeando la pizarra lo sacó de golpe de su ensueño. Frente a él, Lorena lo observaba con una ceja arqueada y los brazos cruzados. Miguel parpadeó de nuevo, intentando de aferrarse a los últimos retazos de esa fantasía. Definitivamente, tenía que dejar de ver tantas películas.




Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Por qué el boli deja tinta?

DIARIO