Aprendiendo a ser padre bajo el agua


El reto consiste en escribir un texto que tenga como narrador a un personaje del sexo opuesto al tuyo y que empieza con una de estas frases: 

“Si hay infinitas maneras de gastar el dinero, entonces lo que yo hago ha de ser…”.

“Seguramente fue un error ocultar a nuestro hijo la muerte de…”

“Cuando me quedo sin café voy a ver a mi madre y le robo…”.


Yo escogí la segunda frase. Para este reto me inspire en mi mi propia experiencia personal, ya que tuve una vivencia muy parecida a la que se relata en la historia.

Aprendiendo a ser padre bajo el agua 

Seguramente fue un error ocultar a mi hija la muerte de su pez. Empezamos desde el principio. Todo empezó en la feria de Sants, mi hija me pidió si podía cazar patitos, como padre con el único objetivo de verla feliz, accedí sin dudar. El problema empezó cuando, debido a su gran habilidad en la pesca, Alma gano un pez como premio. Al llegar a casa, colocamos a Jerry (así decidió Alma, que se  llamaría su nueva mascota) en un cuenco que encontramos por casa.


A veces me preguntaba si Alma era capaz de sentir o recibir todo el amor que soñaba con darle y transmitirle, y viendo el amor con el que trataba a Jerry, mi duda se desvanecía. Pasaban los meses y el amor de Alma por su pez solo hacía más que crecer. Y con ello, el gran dilema: preservar la inocencia de mi hija o enfrentarla a una dura realidad. Sentía que cada mínima acción podía alterar para siempre su percepción del mundo, y esa responsabilidad me venía grande. 


Jerry ya “tenía” 3 años. Y lo pongo entre comillas porque eso era lo que Alma pensaba. En realidad Jerry había fallecido hacía un año. Nunca tuve el coraje de contarle a Alma lo sucedido. Eran muchas las veces que quería educarla con valores que a veces me sentía incapaz de transmitir, en este caso, la verdad. Es por eso que en el momento que me encontré a Jerry boca arriba, con la barriga como un globo, flotando en la pecera, me asaltó el miedo y me faltó tiempo para correr y comprar otro pez,  idéntico a Jerry. 


Finalmente, el nuevo “Jerry” también falleció, a Alma le dolió, pero no fue una reacción ni la mitad de terrible de la que me había imaginado. Mientras lo enterrábamos, me miro y me dijo: 


- Papá, está bien que Jerry ya no esté. 


Aquella vivencia me sirvió para ser consciente de cómo el posible dolor de mi hija estaba teñido por las experiencias propias de cómo yo podría gestionar un duelo. 


Comprendí luego que la verdad no siempre destruye la inocencia, al contrario, puede fortalecerla. Me pregunto si realmente fue un error ocultarle la muerte de Jerry, sabiendo todo lo que aquella situación movió dentro de mí. 





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